miércoles, junio 14, 2006

Index librorum prohibitorum et expurgatorum



¿Miedo o defensa?

La censura de la palabra escrita, en España, la ejercía el propio Santo Oficio, con independencia de la “Congregación del Índice de Roma”.Alfonso de Castro, capellán de Felipe II, decía que si España estaba libre de herejías, se debía al éxito de la prohibición de la literatura herética, al contrario de lo que ocurría en Francia, Italia y sur de Alemania.Antes de existir un Índice, ya se efectuaba en España la quema de libros. En 1490, en Salamanca, se quemaron seis mil volúmenes sobre magia y hechicería. Y en Sevilla, ese mismo año, un gran número de biblias hebreas. Pero entonces, eran hechos puntuales.En el año 1502, salió una ley contra la importación de libros, en especial de Alemania, escritos en castellano, lo que se consideraba ilegal. A partir de 1521 se prohibieron las obras literarias y en 1540 la Inquisición ya tenía su propio Índice extraoficial.Pero la verdadera censura severa comenzó con la “Sanción Pragmática” de 1558, que promulgó la infanta Juana, en ausencia de Felipe II, un año antes de que se promulgara el primer Índice romano.Había castigos severos, incluso de muerte, por posesión de cualquier libro censurado. Este decreto estuvo vigente hasta principios del siglo XIX. Sólo los inquisidores, los obispos, y algunos escogidos para que después pudieran refutar las ideas de los libros prohibidos, podían leerlos.Se prohibieron los libros de los franceses Rousseau, Voltaire, Montesquieu, Diderot, etc. También los de Boccachio, Zuinglio, Hus, Dante, Maquiavelo, Savonarola, Tomás Moro, etcFue impreso un grueso volumen en 1612 con la anotación de los libros prohibidos, titulado: “Index librorum prohibitorum et expurgatorum”. Como continuamente se iban apuntando libros nuevos, los índices cada vez eran mayores, ya que no se excluía ninguno de los anteriores. Tal pasó con los libros de Petrarca, Bacon, Apuleyo. etc.

Curiosamente, en el Índice de 1640, se hizo suprimir una sola frase del Quijote de Cervantes, que decía: “las obras de caridad que se hacen débilmente, no tienen mérito ni valen nada”.Todo ello hizo que el aislamiento cultural de España provocara la exacerbación de la cultura autóctona, y la escasez de estímulos externos llevara al fin del llamado “Siglo de oro”. En ningún otro país había llegado la censura de libros a tal extremo.
Ya no existe este Index, pero los catolicos deberiamos saber opinar mejor sobre las obras contemporaneas que se publican en nuestro planeta. Digo que deberiamos estudiar mejor los signos de los timpos, saber captar la intención de esto o de aquello. Y lo digo porque a veces con nuestro rechazo a obras, que a veces realmente ofenden, lo que hacemos es darle un verdarero tiron comercial, a veces imerecido. Nuestra censura subliminada ha de estar bien fundada y sobre todo bien documentada. Son otro tiempos y otras historias.
  • Realmente merece la pena censurar?
  • Avance o retroceso?
  • Tenemos miedo los católicos o realmente defendemos nuestro patrimonio...?